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MONSANTO (PORTUGAL)

Es curioso, pero últimamente estoy comenzando a pensar que quizá lo más cercano a nosotros, es a veces lo más desconocido y justo esto me ha sucedido con un maravilloso rinconcito del mundo que quiero compartir hoy con vosotros.

Hoy quiero hablaros de Monsanto una pequeña aldea de Portugal, a poco más de veinte kilómetros de la frontera con España (a la altura de Coria en Cáceres), que fue bautizada en 1938 como «La aldea más portuguesa de Portugal» y que así lo acredita el gallo de plata que hay en la Torre del Reloj.

Y os preguntaréis ¿qué hace que Monsanto sea un lugar tan especial? Pues lo extraordinario del pueblo es que está construido entre gigantescas rocas de granito que fueron desprendidas de la montaña.

Visitamos el lugar en agosto y encontramos una gran cantidad de turistas en la entrada, que llegaban con la misma intención que nosotros; empaparse de aquel lugar mágico de interminables cuestas y calles empedradas.

Fue curioso, porque una vez comenzamos a perdernos por aquellas calles llenas de historia, el resto de visitantes desaparecieron y entonces comprendimos que habíamos coincidido todos en la entrada porque era bastante complicado poder acceder al  centro del pueblo en coche, debido a las estrechas callejuelas, en su mayoría con escalones.

Ya nos habían hablado de Monsanto y teníamos claro que visitábamos un pequeño pueblo con un centenar de habitantes, que había sido construido entre rocas y que tenía una gran historia a sus espaldas, ya que durante siglos fue motivo de altercados entre España y Portugal por el lugar en el que se encontraba ubicado. Ademá, había sido habitado por visigodos, romanos y musulmanes. No obstante, a pesar de lo que nos habían hablado de él, jamás hubiésemos imaginado que las paredes de las casas, los techos o incluso el suelo, fueran inmesas piedras de granito.

Está claro que si no puedes con tu enemigo, debes unirte a él y posiblemente eso es lo que pensaron los habitantes de este pueblo cuando decidieron construir sus casas entre piedras. Para qué gastar tiempo y dinero en romper el granito, si podían aprovecharlo como material para construir sus viviendas o corrales.

El principal encanto de Monsanto es poder pasear sin rumbo por las callecitas y comprobar que cada casa o cada rincón es, si cabe, más bonito que el anterior. Es un auténtico placer pasear por unas calles llenas de macetas en las puertas de las casas, casas que también son adornadas con ventanas y puertas de colores llamativos. ¡Es un verdadero regalo para la vista!

Seguimos avanzando hacia la parte alta del pueblo, para tomar la Rua do Castelo y subir hasta el Castillo de Monsanto. No es un camino largo y lo cierto es que está en buen estado, pero debo decir que antes de comenzar la subida hicimos una parada para comprar agua. Como he dicho antes, era agosto y estábamos a 40 grados.

El castillo en ruinas de Monsanto, fue construido por los Templarios en el siglo XII después de que el primer rey de Portugal, Alfonso I, se lo entregara a esta orden militar con la intención de defender la frontera de los recientemente expulsados musulmanes y del reino de León. Desde entonces ha sido clave en la defensa de la ciudad principalmente en los continuos litigios entre portugueses y españoles, hasta que en el siglo XIX una explosión, causada por un rayo, en el almacén de municiones lo destruyó casi por completo.

Alejada del castillo se encuentra la Torre Peão, o Pião, una atalaya aislada que cubría un ángulo muerto y que fue derruida a finales de la Edad Media porque podía ser una amenaza para el castillo en caso de asedio.

Al lado del castillo se encuentra la Capilla de San Miguel, que se cree que es del siglo XII ya que junto a ella se encuentra una necrópolis excavada en el suelo fechada en el periodo de las ocupaciones sueva o visigoda, aproximadamente en el siglo VII.

Esta capilla fue construida por los Caballeros Templarios y fue la primera iglesia parroquial de Monsanto.

En el castillo hay varios miradores desde los que pudimos disfrutar de las maravillosas vistas que nos ofrecían los distintos valles.

Todo el mundo suele ver el pueblo de Monsanto al inicio y luego sube al castillo, nosotros lo hicimos mitad y mitad. Primero vimos una parte del pueblo, luego subimos al castillo y al bajar volvimos a visitar el pueblo donde vimos la Capilla de San Antonio.

Esta capilla es destacada por el tratamiento artístico de la fachada y por un portal manuelino con arco de cuatro arquivoltas que está rodeado por dos bastones coronados con dos flores de lis. Superpuesto a la cornisa hay un campanario y al lado un cementerio que está fechado desde 1836.

Muy cerca de la Capilla de San Antonio se encuentra la Puerta de San Antonio. Tras la guerra de los Siete Años, el conde de Lippe se empeña en reforzar el pueblo y construye una muralla con dos puertas de acceso, la puerta de San Antonio y la del Espíritu Santo. Ambas cuentan con puertas flanqueadas por fusileras y una garita.

Debo confesar que al atravesar esta puerta, nos perdimos durante un kilómetro aproximadamente 🙂 pensando que por ahí llegábamo al aparcamiento.

También pudimos ver la Iglesia Matriz de San Salvador, una iglesia modesta cuyos orígenes se remontan al siglo XV y que fue restaurada en el siglo XVIII.

Hasta aquí mi particular visita por Monsanto. Espero que te haya gustado y recuerda dejar tu comentario y seguirme para a través de este canal o de las redes sociales Facebook o Instagram, para no perderte ninguna de las siguientes 🙂

4 comentarios en “MONSANTO (PORTUGAL)”

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